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"Me pareció absurdo tener que cruzar la frontera a Francia para abortar"

  • El anuncio de la reforma de la ley del aborto abre de nuevo la polémica
  • Mujeres que abortaron en el extranjero hace 30 años recuerdan su experiencia
  • Destacan el difícil papel que tenían los ginecólogos en los años 70 y 80
  • Creen que con la reforma del aborto "se pierden derechos ya conquistados"

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¿Te acuerdas? - 25 años desde que se despenalizó el aborto

“Era 1978, tenía 23 años y una relación con un chico. Estudiaba y trabajaba a la vez y vivía independiente. Me quedé embarazada y en ese momento no tuve ninguna duda. Fui a un centro de mujeres para informarme y a los pocos días viajé a Francia para abortar, era la única salida”. Es el testimonio de Claudia- nombre ficticio- una de las muchas mujeres españolas que en la década de los 70 y 80 salieron de España para abortar sin riesgo de ser encarceladas.

Y es que, en aquellos años, antes de la ley que en 1985 despenalizó parcialmente el aborto en tres supuestos - grave peligro para la vida, salud física o psíquica de la madre, graves taras en el feto o violación denunciada,  abortar en España era ilegal.

En 2010 el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero modificó la ley. Fue entonces cuando se permitió el aborto sin dar explicaciones hasta la semana 14, hasta la 22 si hay riesgo para la salud de la madre y sin plazo alguno en caso de malformaciones del feto.

El actual ministro de Justicia, Alberto Ruiz Gallardón, anunció que derogaría la nueva norma y que se volvería a un sistema de supuestos. Aunque aún se desconocen los detalles, sí se sabe que las malformaciones ya no serán un supuesto para abortar. Ahora, hay quienes se preguntan ¿volveremos a salir al extranjero para abortar como se hacía hace 30 años?

Las mujeres entrevistadas por RTVE.es - y que en su día se fueron de España para abortar- temen que la historia se pueda volver a repetir y consideran que es un retroceso en los derechos de las mujeres. "La decisión de ser madre es de la mujer y de nadie más", opinan. Por ello, han querido recordar sus experiencias y alertar sobre lo que ocurría en España no hace tanto tiempo.

Llum fue otra de esas mujeres que tomó la decisión de abortar cuando en España era un delito. “Era 1983 y yo tenía 27 años. En aquel momento fue difícil pero tenía la decisión clara y el contacto adecuado y me puse a reunir el dinero necesario para el viaje. Me decidí y volé hasta Leyden, en Holanda", cuenta a RTVE.es.

Salir de España, la única alternativa

Al igual que Llum y Claudia, muchas mujeres españolas- la mayoría de ellas muy jóvenes- viajaban a diferentes países de Europa para poder abortar, algo que la mayoría hacía en secreto. Solían viajar en viernes a países como Inglaterra, Holanda, Francia o Portugal, para así el lunes estar de vuelta sin despertar sospechas. Un viaje que hacían en su mayoría solas y algo asustadas ya que muchas de ellas no habían salido nunca de España y no sabían muy bien lo que les esperaba al bajarse del avión.

Era un asunto que no se compartía

“Yo fui sola, aunque algunas mujeres iban acompañadas de una amiga, pero eran una minoría ya que tenían que pagar dos billetes de avión y eran muy caros”, recuerda Llum. “Era un asunto que no se compartía, solo se contaba a las personas que sabías que te iban a guardar el secreto. En mi caso, aunque viajé sola, me sentí muy apoyada por mis compañeras y por mi pareja”, cuenta a RTVE.es.

Claudia también lo mantuvo prácticamente en secreto. “No se lo conté a mi familia, solo a mi novio que quiso acompañarme aunque yo me negué. De hecho, una de las chicas que viajó conmigo fue con su novio y se derrumbó psicológicamente, los médicos decían que te afectaba más si venías con tu pareja”, cuenta.

En su caso, se desplazó hasta un pueblecito del sur de Francia. Recuerda cómo viajó embarazada de muy pocas semanas junto a otras tres chicas que iban a la misma clínica. “Fui a un centro de mujeres donde me dieron la información necesaria. Cogimos un tren en Madrid hasta Francia. Cuando llegamos a la estación, nos recogió una chica muy amable y nos llevó a la consulta del médico. Tras la intervención, pasamos una noche de reposo en un hotel y al día siguiente volvimos a Madrid”, relata a RTVE.es. "Recuerdo que solo tenía ganas de volver a casa, me parecía absurdo haber tenido que cruzar la frontera para abortar", cuenta.

Es una opción y un derecho que hay que respetar

Claudia no lo vivió como algo traumático o trágico. “A mi no me afectó psicológicamente, pero sí que me dio rabia porque podía haberlo evitado ya que pasó por no tomar precauciones. Eso no significa que me arrepienta de la decisión que tomé, ser madre en ese momento hubiera sido una ruptura radical en mi vida, es una opción y un derecho que hay que respetar”, opina.

Allí nadie te culpaba ni te hacía preguntas

Recuerda que se sintió muy acompañada y lo más importante en su opinión, que allí nadie la culpaba ni la hacía preguntas. "No lo vivían como un drama", dice. “El centro al que yo fui tenía una condiciones sanitarias muy buenas y el personal era muy profesional", apunta Claudia.

Abortos caseros que acababan en tragedia

Tanto Claudia como Llum fueron afortunadas. Muchas españolas -de escasos recursos económicos- no tenían los medios necesarios para viajar y solo les quedaban dos opciones, la de los peligrosos abortos clandestinos a manos de las llamadas 'aborteras' -unas operaciones que se cifraban en 300.000 al año y de las cuales morían unas 3.000, según los datos del Tribunal Supremo publicados por la prensa en 1976- o hacerlo brutalmente por sus propios medios como ,por ejemplo, metiéndose agujas de calceta en la vagina o comiendo hierbas abortivas como el perejil. Unas acciones que derivaban en tremendas hemorragias e infecciones y que en muchas ocasiones acababan con la muerte de la mujer.

No todo el mundo se lo podía permitir

“Había que tener algo de dinero, el vuelo era lo más caro y tenías que coger al menos una noche de hotel, serían como 50.000 pesetas de entonces, no todo el mundo se lo podía permitir", explica Llum.

Esta catalana rememora un caso que la conmovió. "Recuerdo el caso de una chica de solo 16 años que había tratado de abortar metiéndose agujas. Llegó a la asociación de mujeres donde yo colaboraba muy mal. Al final conseguimos que la viera un médico sin denunciarla, ya que los doctores tenían la obligación de denunciar a aquellas mujeres que habían abortado. Gracias a todos, la joven sobrevivió", cuenta emocionada.

Gracias a todos, una joven de 16 años que llegó con una grave hemorragia, sobrevivió

Santiago Barambio, ginecólogo y presidente de ACAI (Asociación de clínicas acreditadas para la interrupción del embarazo) también recuerda cómo en urgencias había un goteo de pacientes por estos abortos clandestinos. "Yo trabajaba en el Hospital Clínico de Barcelona y nos llegaban muchas urgencias derivadas de abortos clandestinos, incluso hubo mujeres que fallecieron por una mala práctica del aborto", relata.

El difícil papel de los ginecólogos

Y es que el papel de los ginecólogos en aquellos años era muy difícil ya que como explica a RTVE. es Santiago Barambio, uno de los médicos pioneros en ayudar a las mujeres que querían salir de España para abortar, "había que estar dispuesto a asumir las posibles complicaciones".

Había que estar dispuesto a asumir posibles complicaciones

"Yo fui uno de los primeros en mandar a las mujeres a Londres para que pudieran abortar sin riesgo de ir a la cárcel. Fui con un compañero a buscar clínicas abortivas. Conocimos a un doctor que estaba en contacto con médicos españoles y empezamos a colaborar juntos. Desde entonces, la demanda se disparó", explica Barambio.

Santiago recuerda como estaba todo muy organizado. "Desde la clínica recogían a las mujeres en el aeropuerto y las llevaban al hotel. Tras el aborto, las llevaban de nuevo al aeropuerto y según la demanda de mujeres, los médicos iban alquilando más clínicas", explica a RTVE.es.

Con el aumento de esa demanda, entraron en juego las agencias de viajes y los famosos 'vuelos charter a Londres', unos viajes expres que vendían las agencias de viajes en las que todo el vuelo iba a lo mismo. "El viaje a Londres era carísimo, las mujeres tenían que pagar el vuelo de ida y vuelta, lo que era la intervención en sí y el hotel, podía llegar a costar 150.000 pesetas de entonces", cuenta este ginecólogo.

Como explica Santiago, con la llegada al poder de Margaret Tacher, el destino para abortar cambió y empezaron a surgir otros más asequibles económicamente como Amsterdam.

¿Y el futuro?

Tanto Claudia, Llum y muchas de las mujeres que abortaron en el extranjero celebraron la aprobación de la ley de 1985 y se sintieron aliviadas. "Fue como decir por fin, lo conseguimos", recuerdan. Aunque apuntan que solo fue un respiro parcial. "Por lo menos se regularizó, pero la ley se hizo con trampas, la decisión no la tenía del todo la mujer sino que tenía que alegar causas psicológicas que eran muy relativas", opina Llum.

Fue como decir por fin, lo conseguimos

Fue entonces cuando se empezó a despenalizar el aborto -por el cual te podían condenar hasta a 12 años de prisión- y se comenzó a liberar a las mujeres que quedaban presas en distintas cárceles españolas. Los movimientos feministas se hicieron muy fuertes y se empezaron a hacer campañas en defensa del aborto.

Pero, ¿y en el futuro? ¿volverá a pasar? En opinión de Llum y Claudia sí. "Todo apunta a que puede volver a pasar lo mismo, sería un retroceso sin precedentes y además injustificado. Es volver a cuestionar algo que ya estaba consensuado. Las mujeres tenemos la capacidad ética de decidir y vamos a volver a perder ese derecho", opina Claudia.

Llum cree que reformar la ley del aborto y volver a un sistema de supuestos es un retroceso histórico. "Volveremos a hace 40 años, algunas decidirán abortar fuera de España, otras lo harán de forma clandestina y acabarán en las urgencias de los hospitales. No se dan cuenta de que la ilegalidad supone un riesgo claro de mortalidad para las mujeres", dice Llum.

"¿A cuenta de qué se cuestionan ahora la capacidad de las mujeres para decidir sobre su propia vida y su propio cuerpo?" se preguntan.